En la eternidad hay infinitos universos,
con variados mundos, de enormes mares,
que bañan a muchísimas playas
con innumerables montones de arena
cuyos granos, entre los que me encuentro yo,
se mueven al capricho de la brisa marina.
No hay reloj en la eternidad, pero si lo hubiera,
el tiempo se detendría en mi playa, cuando el Niño
Dios mirase mi montón de arena... Contengo
el aliento cuando el Niño Dios hunde sus manos
en la arena sabiendo que me acaricia, feliz mientras
permite que me deslice entre sus dedos.
Pero más feliz, muchísimo más, me siento yo.
El tiene infinitos universos, variados mundos,
enormes mares, muchísimas playas, innumerables
montones de arena para jugar, pero yo soy el que
da sentido a todo. Porque sin mi, ya no sería igual
ni mi montón de arena, ni mi playa, ni el mar,
ni el mundo que forma parte de uno de los infinitos
universos de la eternidad. Al Niño Dios le faltaría
algo y estaría triste, y con Él su Padre y mi adorada
Madre. Para tener el honor de ser un brillante corpúsculo
de arena de esta celestial playa, he vivido mil vidas,
con mil pruebas en cada una, que me han hecho digno
de brillar como uno más, en esta humilde playa.
Por eso, estoy en esta playa. Me he hecho digno
de tener la oportunidad, si tengo la audaz paciencia
de esperar, a que el Niño Dios, elija mi universo,
mi mundo, mi mar, mi playa y después, con un poco
de suerte, que juegue con mi montón de arena.
Si no es así, tendré que esperar con paz y ciencia
varias eternidades más, a que el Niño Dios, vuelva
a mi Universo, mi mundo, mi mar y mi playa, para
que me escuche, me vea, me mire, me observe y
quiera jugar conmigo. Entonces conoceré la felicidad.
Altamira, 28 de julio de 2011
Luis Abad


Comentarios recientes
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 5 meses
hace 5 meses
hace 6 meses
hace 6 meses
hace 6 meses
hace 10 meses
hace 10 meses
hace 10 meses
hace 10 meses
hace 10 meses
hace 10 meses